“Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor” (Mt, 24, 42)
En estos d’i
“Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor” (Mt, 24, 42)
En estos d’i
“Todo lo que pidas al padre en mi nombre, El os lo consedera”. Jn 16.2
“Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas, 14,26)
“Hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo” (1 Corintios, 12, 20)
Las palabras de vida que nos entrega cada mes el Movimiento Focolare tiene el propósito de hacernos meditar para vivir una vida cristiana fundada en la palabra de nuestro Señor.
Éste versículo en particular siempre me hace pensar. Tiene un misterio especial en mi vida. En la secundaria, asistí a una escuela católica para señoritas, al iniciar el año escolar las monjas nos hacían sacar de una gran bolsa un papelito de rifa con un versículo de la Biblia que nos tocaría meditar alguna mañana de oración. Curiosamente, cada año mi papelito contenía el mismo versículo: “Hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo” (1 Corintios, 12, 20). Sí, la palabra de vida para empezar el 2009.
El primer año con toda la elocuencia de una adolescente y con la misma confidencia, me paré frente al alumnado y ahondé en el significado de mi lectura. El segundo año lo mismo, pero el tercero, me asaltó la duda: será que es una broma, algunas de las monjas eran bastante chistosas. O, talvez, no, talvez no le había encontrado su significado y debía repetirlo. O, talvez, era pura coincidencia…
El caso es que después de varios años, no podemos evitar que la coincidencia se vuelva intención. No es vagamente que me ha tocado hoy también analizar este verso. Es que este año debo nuevamente recordar lo que significa empezar y para eso, lo primero es saber quienes somos y adonde vamos.
Muchas veces nos atribuimos funciones que no nos tocan y la ansiedad llena nuestras vidas porque son pruebas que no nos pertenecían. Muchas veces queriendo hacer más interferimos con la voluntad de Dios para nuestros hermanos y con sus funciones en el cuerpo de Dios que es su iglesia.
Este verso es un reto a confiar en los demás. Ha reconocer que la oración es la única forma en que podemos o debemos algunas veces interferir en la vida de otros.
Este verso es una invitación a reconocer nuestro talento y ha poner nuestro corazón en compartirlo con otros. Este verso nos señala un verdadero comienzo. Todos los miembros de la iglesia tienen una función, algunos son llamados a funciones más públicas que otros, pero todos son importantes porque si alguno falta nuestra iglesia queda mutilada, deshabilitada.
En este nuevo año roguemos que Dios nos conceda la sabiduría para reconocer nuestro talento y el de los demás y que con amor y fortaleza cumplamos nuestra función con humildad.
“Ven Espíritu Santo llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu divino amor”. Amén.
Dios los bendiga.
Se acerca la Navidad y nuevamente, luchamos en nuestros corazones por recordar y mantener su verdadero significado. Lo sabemos, lo vemos desplegado entre luces y decoraciones: los nacimientos, el niño, la madre, el padre, la comunidad de pobres. Todos envueltos en la presencia de Dios que es amor. Pero, muchas veces lo ignoramos porque la propaganda de las tiendas es mayor, la presión de los regalos, el dinero que compra las expresiones de amor. Sin embargo, las verdaderas expresiones de amor están representadas en esas imágenes, las de la familia unida envuelta en el amor de Dios. Las que se expresan en un gesto, una mirada, una sonrisa, una palabra de agradecimiento para los que hacen nuestra vida digna de vivirla todos los días del año, no sólo en navidad.
Está es la Navidad que les deseo. Qué el amor infinito de Dios nazca hoy y siempre en sus corazones y en el seno de sus familias y se extienda a sus comunidades y al mundo entero.
“Que no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc.22, 42)
Estas son las palabras de Jesús en el Monte de los Olivos cuando el futuro sólo le depara dolor y tristeza, cuando no puede compreder las intenciones de su Padre al hacerlo pasar por esa prueba, se abandona a la fe, a la certeza de que la voluntad de Dios es el mejor camino.
En estos tiempos de inestabilidad económica y futuro incierto, sigamos su ejemplo y sometamonos con fe a la voluntad de Dios que es la correcta y unámonos en oración para pedir fe y fortaleza. Rogemoles al Espiritu Santo que nos llene de su gracia como llenó a nuestro Señor en el momento de la prueba.
Padre: que sea tu voluntad y no la nuestra. Llena nuestra vida de fe, amor y properidad en esta Navidad cuando recordamos el nacimiento de nuestro Salvador. Que sepamos con certeza que todo por muy oscuro que ahora parezca va a estar bien porque esa es “tu voluntad.” Amén.
“El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga” (Lc. 9,23)
Para los creyentes, el prospecto de que al final de nuestras vidas iremos al cielo y habitaremos en la casa de Dios es una promesa que nos da motivación para seguir con la lucha diaria. Muchas de las cosas que hacemos en nuestra vida las hacemos con este propósito: alcanzar una vida mejor. Jesús en el evangelio de Lucas nos da la clave. Nos regala la respuesta al exámen. Lo único que debemos hacer es dejar de quejarnos, dejar de lamentarnos de nuestros problemas y nuestras desgracias, dejar de preocuparnos por las cosas pasajeras de este mundo y caminar con fe en nuestra vida, con la fe que nos permite tomar nuestra cruz y seguir a Jesús. Y surge entonces la pregunta de cómo saber cuál es nuestra cruz. Empecemos por definir la palabra para saber distinguirla luego. En este contexto, cruz es peso, carga o trabajo. Nuestra cruz tiene muchas dimensiones: La cruz del trabajo diario que empieza con levantarnos con una sonrisa, la de preparar el café, la de contribuir a una empresa que nos paga para que colaboremos con su éxito; la cruz de soportar con resignación una enfermedad, una injusticia; la cruz de tener valor para luchar contra esta misma enfermedad, contra esta misma injusticia. Y al cargar nuestra cruz sólo se nos pide hacerlo sin quejarnos, sin vernos a nosotros mismo, sin tenernos lástima porque podríamos estar mejor, porque merecemos más y un sin número de cosas que nos amargan el día. Si hacemos esto, cada día, y seguimos el camino del señor no tendremos que morir para sentir el cielo y la presencia de Dios en nuestras vidas porque Él irradiará desde nuestro corazón y alivianará nuestra carga.
Hay muchas cruces en la vida de una persona. Es mi oración que siempre recordemos además que Dios sólo nos da la cruz que sabe podemos cargar.
“Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante”Lucas 6:38
Esta es la palabra de vida que debemos meditar durante el mes de octubre del 2008. “Den” no es una sugerencia, tampoco una súplica, es una orden que además va atada a una promesa. Dios no nos exige nada sin ofrecernos algo a cambio. “Den” es una palabra que requiere fe. Desprendernos de lo que ya tenemos sin lamentos, sin miedo, es un acto de fe. La palabra se hace realidad en el momento en que la vivimos. “Den” sin olvidar que sólo podemos dar lo que tenemos. “Den” con fe de que sea lo que sea que debemos dar Dios ya lo ha puesto en abundancia en nuestra vida. O sea, ya hemos recibido la promesa.